viernes, 16 de diciembre de 2011

Nunca creí en las casualidades.

La misma historia, otra escena. Los mismos personajes, otra locación, casi la misma música. Fue uno de esos encuentros (in)necesarios. Todavía no logro descifrar lo que la vida me está queriendo decir... Puede ser que no lo quiera ver o que su mensaje sea poco claro. No lo sé. Lo único que sé es que me invaden muchas sensaciones, una mezcla de sentimientos indescriptibles, un extraño mix de emociones.

Tardo en salir de casa. Primero porque es un desastre, el desorden abunda por todos lados y, aunque no lo crean, amo el orden. Segundo porque llueve con todo. Entonces me relajo y doblo la ropa con lentitud, pongo música a todo volumen, limpio la mesa, la mesada, lavo platos, vasos. Salgo tarde, tengo que encontrarme con mi mamá en media hora y el viaje me va a llevar una. No importa. Me va a esperar. Sigue lloviendo, por eso tardo un poco más, espero que pare. Sigo escuchando música muy alta mientras chequeo mails e insisto con ordenar el caos.

Finalmente, me digno a salir, ya se hizo muy tarde. Cruzo la avenida, es ancha, muy larga, nunca llego a cruzarla entera, me cambia el semáforo en el medio; así que la cruzo en dos tandas siempre, excepto hoy, que hago pasos más largos y cumplo con el desafío. Corro el colectivo, no me ve, no para, sigue. Tomo el siguiente que llega 5 minutos después.

Tengo la mente en blanco. O algo así... creo que de tantas cosas que tiene está en una especie de cortocircuito.

El colectivo esta llegando a su última parada, la terminal. En el ómnibus quedan 3 personas: el chofer, un pasajero y yo. Media cuadra antes de la terminal me pongo de pie junto con el otro hombre, con un ritmo tranquilo camino hacia la puerta y miro sin atención hacia afuera, pensando que no pensaba en nada. Semáforo rojo, amarillo, verde; arranque. De pasada veo una cara conocida, pongo atención y sí, es. Justo me mira, yo levanto la mano. Intento disimular la alegría y el amor que me provoca este encuentro. Mi corazón late muy fuerte y tiemblo un poco. Hace tiempo que no nos vemos: la última vez fue la del taxi y la bici, nos vimos a lo lejos, al pasar (http://grandilandia.blogspot.com/2011/12/cosas-innecesarias.html). Hoy mismo cancelamos un almuerzo que íbamos a tener, me parecía que no tenía sentido encontrarnos. No creo que podamos formar un vínculo amistoso. Lo nuestro se terminó, eso que nunca tuvo forma, ese vínculo desvinculado.

El chofer abre las puertas del colectivo y hago mi bajada triunfal mirando el cielo, gritando "Dios, ¿por qué me castigas así?" (Estaba siendo irónica. La verdad es que le estaba agradeciendo con las manos apuntando al cielo, sonriendo). Realmente no lo puedo creer. Corremos, nos abrazamos, fuerte, muy fuerte, con tanta fuerza que si fuesemos más frágiles nos romperíamos; pero somos demasiado fuertes, es una de las tantas cosas que tenemos en común. Ese abrazo se funde, me traspasa; es una fusión humana: dos personas que pasamos a ser una por un rato.

Nos olemos, nos besamos las mejillas, el cuello, nos abrazamos con más fuerza. Nos soltamos, nos miramos, nos reímos. Seguimos sin creerlo. Sus ojos brillan de alegría, pero algo triste esconden. Nos abrazamos de vuelta. Sigue con sus halagos, yo intento mantenerme firme. Inexpresiva. No puedo. Entiendo que es amor mutuo y a la vez unilateral. Si realmente fuese recíproco, no estaríamos así.

La gente nos mira, no entienden por qué tanta efusividad, por qué tanta pasión. Miro a una señora e intento decirle con los ojos que yo tampoco entiendo por qué tanto y por qué nada; que no entiendo qué significan estas cruzadas. Qué siento cosas que no sé que son, es como una revolución interna, como si las células del cuerpo hubiesen enloquecido y estén saltando y corriendo como locas, todas al mismo tiempo, en mi organismo. Algo así.

No para de decirme que me extraña, que me quiere mucho, que me extraña mucho, que me quiere. Un montón de todo eso. Escucho, pero intento hacer como si estuviésemos en silencio. Prefiero no saberlo. No le creo. O sí, pero sus palabras siempre fueron tan efímeras, tan livianas que se las lleva el viento. Pero su energía tan intensa que me hace vibrar.

Nos despedimos con un poco más de lo mismo. Camina, cruza la avenida, yo camino hacia las vías. Mientras camina sigue gritando "te quiero muchísimo" y más cosas. Yo me río. Qué tengo que hacer, llorar (?) Sigue gritando reiteradas veces sin importarle lo que piensen los demás transeúntes. Eso siempre nos caracterizo: no nos importó nunca el resto; ni los transeúntes ni los peatones ni los automovilistas ni los ciclistas, nadie, nadie. Nos miramos, nos aislamos del mundo por un rato, a eso llamo trasladarse. Se aleja y yo hago lo mismo en dirección opuesta. Mientras tanto en un barcito de la estación de tren suena a todo volumen "Persiana Americana" de Soda Stereo en versión cumbia tropical, me río más aun cuando noto que mis escenas siempre tienen la misma banda sonora, va variando de estilo, pero la letra es la misma.

Sigo aislada, en mi mundo, pero en el de ustedes que me miran también. Creo que me miran porque no puedo borrar la sonrisa de mi cara. Supongo que es eso. Estoy shockeada, pero sonriente. Subo al tren y el hombre mayor que toca el bandoneón toca "Yo soy así" y dice palabras lindas como siempre; reitera una y otra vez la frase que lo hace el personaje más conocido de los vagones del Mitre: "el amor salvará al mundo". Señales.

Si querés escuchar la musicalización de esta escena podés hacerlo ingresando a este link: https://www.youtube.com/watch?v=4yXtdsKochU

2 comentarios:

  1. Gracias bella!!! Como verás es un espacio de descarga para mi. Por eso no lo difundo tanto... Es público, pero a la vez lo hago para mi. Y el que llega de "casualidad" es bienvenido! Gracias por el comentario, es el primero de hecho!

    Ya te volviste a España? Si aun no, quisiera verte antes de que partas!

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Despertar.

Tengo el corazón muy tranquilo. El espíritu en calma. Grandes cosas por delante. Conecto con los deseos, mis sueños... Más y mejor. Vibro en...