sábado, 30 de junio de 2012

Evolutivo

Aparece sin previo aviso. Baila y me sonríe, se mueve mientras su mirada emite luz. Me habla, me halaga, nos conectamos. Me dice "sos muy linda para tu novio", le aclaro que no es mi novio el que baila conmigo, es mi amigo. Bebemos, bailamos, escuchamos buena música, somos felices porque dejamos que los sonidos se apoderen de nuestros cuerpos. Nos vamos, quedamos en contacto. Hablamos, hablamos, hablamos, me busca, me busca, me encuentra. No nos encontramos. Pasa un tiempo, nos encontramos. Qué raro todo. Extraño y lindo a la vez. Todo parecería fugaz, lleno de impulso. Finalmente, me equivoco. Todo es dilatado, lleno de misterio, de indecisiones y ambigüedades. Nos vemos varias veces. Nos vemos, vivimos, vivimos, nos conocemos, nos queremos, nos volvemos a ver, vemos obras de teatro, sentimos el arte correr por nuestra sangre. Nos sentimos, nos queremos, vivimos. Todo se tiñe de indecisión, de desencuentros. Dentro de una conexión inigualable, nos perdemos. Nos vamos yendo. Nos fuimos, nos dejamos. Me extraña, te extraño, me lo dice, yo no. Me habla, intento no escuchar. De a poco me relajo y entiendo que existen las segundas oportunidades. Por qué no intentarlo otra vez, pero solo si esta vez es distinto. Afortunadamente, lo es. Crecimos, somos dos personas físicamente iguales, emocionalmente distintas. Todo fluye naturalmente. Todo lindo, tranquilo, ameno. Volvemos a sentirnos, de a poco, yo llena de miedos, mucho miedo, como nunca siento un temor inmenso. Miedo de quedar expuesta como antes, temor de querer perdidamente. Esta vez no me pierdo, no me lo permito. Me enamoré, nunca dejé de estarlo, aquella vez amé con pasión, en esta ocasión amo de la misma forma, con un poco más de miedo, pero con la misma pureza. Hablamos de tener hijos, de convivir y de otras tantas cosas. Soy feliz, somos felices. La naturalidad nos acompaña, nada es forzado, todo se está dando perfectamente, es más, por momentos pienso que es un sueño. Tenemos ganas de irnos, de hacer un viaje corto, estamos viendo cuándo y a dónde, pero nos vamos para poder estar lejos de todo y de alguna forma poder intensificar todo lo que nos pasa. Cantamos el Himno Nacional a los gritos, una madrugada, mientras volvemos del teatro. Esa noche hablamos de nuestros hijos, qué lindos serían y esas cosas que uno imagina, que uno siente. Es viernes. Prácticamente no hablamos en todo el fin de semana. El martes se termina todo. No puede seguir acompañándome, no puede cuidarme, eso dice. Me quedo helada, vacía, llena de incertidumbre, no entiendo qué pasa ni jamás lo entenderé. Solo sé que la vida es sabía y si tiene que volver, va a volver. (Termino de escribir lo que ves, me preparo para salir y salgo. Estoy caminando con un amigo y esquivo pasar por la cuadra en la que vive, caminamos, comemos. Estamos volviendo, pero a la vuelta sí caminamos por la cuadra prohibida, total uno sabe que esas cosas no pasan, que es imposible cruzarse, por más que uno quiera cruzarse, porque eso pasa solo en las películas. Créanme que también pasa a en la vida: mientras abre la puerta de su casa para salir, nosotros caminamos por su vereda; todos estamos sorprendidos, no entendemos, el clima se pone tenso, mi cara seguramente está pálida, seria, esbozando una sonrisa forzada, por el otro lado, sonríe como nunca, su mirada luminosa me mira fijo, me sonríe, me clava la mirada. Nos saludamos y nadie más habla. Intento sacarme este encuentro de la cabeza. Vamos con mi amigo a un bar, nos sentamos, nos reímos, yo no paro de pensar en el encuentro, no puedo controlarlo, estoy ahí, pero mi cabeza no está, mientras hablamos miro por la ventana, se hace difícil mirar hacia afuera porque las ventanas están empapeladas con fotos de los visitantes del bar, miro y en la vereda de en frente veo un hotel de huéspedes, antiguo, feo, sigo con la conversación, escuchando un español teñido de holandés, vuelvo a mirar hacia afuera por un agujero que hay entre el empapelado de fotos, mi vista se detiene nuevamente en este hotel con azulejos anaranjados, oscuro y con puertas vidriadas, lo miro unos minutos y descubro por qué tenía que mirarlo y detenerme en él, arriba tiene un cartel con el nombre del hotel, el hotel tiene su nombre; pienso que es demasiado para un par de horas, me pongo mal, me voy a casa).

domingo, 24 de junio de 2012

Presente

Pasan los días, pero aun siente ese agujero en el pecho, ese vacío. Lloró mucho, grandes cantidades de lágrimas derramaron sus ojos, respiraba con dificultad, como cuando se llora con angustia. Cree haber llorado lo suficiente, pero no, el vacío permanece entre sus pectorales. Quiere llorar y no puede; no es que le guste llorar, prefiere sonreír, vivir riendo, pero sabe cuándo es necesario exteriorizar la tristeza. Ahora evita vivir en el pasado, intenta avanzar, de pie, con la cabeza en alto. Sigue sin entender cómo fue que pasó, cómo fue que otra vez todo se tiñó de ilusión. Lo admite, algo de esperanza queda, piensa en eso que dicen: que la vida es un libro abierto, que no sabemos las vueltas que puede dar, que nada es tan determinante como parece y que "lo que empieza rápido, termina rápido" (cuando piensa en lo dilatado de esta historia).

domingo, 10 de junio de 2012

Onírico

Pensé en tu piel e imaginé tu desnudez... Pasé por tu cuello, por tu pecho, por tu abdomen, tus brazos, tus manos. Sentí el calor de tu cuerpo, te hablé incoherentemente al oído, te reías. Besé tus orejas. Volví al circuito, cuello, pecho, abdomen, brazos, manos, y ahora voy hacia tus labios. Busco que la mayor parte de mi cuerpo, toque el tuyo. Te huelo, acaricio tu cabeza, te beso la mejilla. Disfruto, no me apuro. Sos frágil; te cuido, te abrazo, te espero. Te beso los pies y empiezo otra vez. Vuelvo al cuello, me sorprendés, tomás las riendas con pasión desenfrenada... Me despierto y sigo enamorada.

Despertar.

Tengo el corazón muy tranquilo. El espíritu en calma. Grandes cosas por delante. Conecto con los deseos, mis sueños... Más y mejor. Vibro en...