domingo, 17 de agosto de 2014
Chispas
Estudio su cuerpo así como Leonardo estudio las formas humanas. Lo huelo de lejos, lo observo de cerca. Lo miro y lo deseo. Su piel llana, extensa, suave y brillante. Un cuerpo lleno de misterio. Ojos cansados, pero luminosos a la vez… piel desteñida. Sus expresiones, sus gestos me hablan. Puedo ver sus huesos, llego hasta su alma.
Y terminar entre sábanas no es más que una demostración de afecto… deslizarnos en el piso es estar en las nubes. Quizás me quede para siempre en un lugar donde nunca olvido, donde el cielo violeta me acaricia la espalda y la frescura de los que pasan me cautiva. Me voy, me quedo, estoy. Y sintiendo el pecho comprimido salto, vuelo un momento y me sumerjo. Ahora abro los ojos, respiro tranquila, sueño otra vez. Me miro al espejo por tercera vez.
Cautivante, el magnetismo a flor de piel: el amor al sol.
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