Estoy sentada en el piso del jardín, al lado del pasto, mis tobillos tocan apenas el suelo verde, me relaja, me gusta. Mientras escribo tomo, cada tanto, un sorbo de té. Té de tilo; estoy un poco nerviosa, con insomnio, ansiosa, pienso que el tilo me puede ayudar a tranquilizarme. No sé qué es lo que me está perturbando. Desde el piso miro el cielo, la media luna brillante y las estrellas. Me senté acá, contra la pared, en un lugar estratégico: la mejor vista de la medialuna. Es media, pero igual de intensa que una llena. La miro y lloro. Miro el cielo y le cuento lo que me pasa. Ataque de llanto; no puedo parar. Tomo otro sorbo de té, té de tilo. No intento frenar las lágrimas, al contrario, las motivo a seguir; les sugiero que salgan para poder limpiar el alma. El tilo ahora está tibio, casi frío. La luna se escondió de mi, las lágrimas dejaron de brotar. Ahora respiro profundo. Hondo. Nunca creí que se podía llorar tanto por amor.
Aprendí, crecí, solté... Positivo, pero doloroso. Ya estoy mejor. Purifiqué mi interior. Las gotas saladas me limpiaron.
domingo, 1 de enero de 2012
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