viernes, 4 de noviembre de 2011

Lo vi, lo veo.

Siempre quise contar la historia de los que luchan, de los que sueñan y no paran hasta conseguir lo que quieren. Hablo de esas personas a las que se les derrumba el mundo y sin embargo siguen. Con más o menos recursos buscan la manera de salir adelante, solos o acompañados; en este caso la unión de muchos, el apoyo mutuo, logró cosas impensadas.

La fuerza de un grupo, de un movimiento, porque esa es la clave: moverse; no frenar. Cuando se desea algo no hay tiempo para descansar.

La revolución es su religión. Y ser escuchados una especie de bendición. Seguramente ignoraban el origen de la corriente a la que, sin saberlo, hoy pertenecen.

Es la potencia de los que, los demás, creen débiles.

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