lunes, 7 de noviembre de 2011

Hoy me compré un libro.

De casualidad lo compré, digamos que llegó a mi sorpresivamente y lo acepté. Y pagué por él sin cuestionarme absolutamente nada. Pensé que podía llegar a encontrar las respuestas que la vida aun no supo darme. El autor me lo vendió, él estudiaba, pero dejó para poder escribir. Ahora maneja un colectivo y escribe. Ese colectivo azul pasea por toda la ciudad, recorre largos caminos y siempre va repleto de gente. Él, el autor, es joven, prolijo, simpático y con un vocabulario excepcional. Chiquito, flaquito y sonriente; su camisa celeste, siempre impecable. Toma Coca común, no light. Le gusta hablar. Y habla muy bien. Es lindo oirlo porque sus palabras tienen musicalidad y sus pensamientos, coherencias. Viaja por la ciudad, observa todo, piensa. Piensa en voz alta, otras en voz baja. Tiene una mirada brillante. La tapa del libro es multicolor y tiene una palabra rara que significa algo así como "muchas caras".

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