domingo, 24 de junio de 2012
Presente
Pasan los días, pero aun siente ese agujero en el pecho, ese vacío. Lloró mucho, grandes cantidades de lágrimas derramaron sus ojos, respiraba con dificultad, como cuando se llora con angustia. Cree haber llorado lo suficiente, pero no, el vacío permanece entre sus pectorales. Quiere llorar y no puede; no es que le guste llorar, prefiere sonreír, vivir riendo, pero sabe cuándo es necesario exteriorizar la tristeza. Ahora evita vivir en el pasado, intenta avanzar, de pie, con la cabeza en alto. Sigue sin entender cómo fue que pasó, cómo fue que otra vez todo se tiñó de ilusión.
Lo admite, algo de esperanza queda, piensa en eso que dicen: que la vida es un libro abierto, que no sabemos las vueltas que puede dar, que nada es tan determinante como parece y que "lo que empieza rápido, termina rápido" (cuando piensa en lo dilatado de esta historia).
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